Por ello, me permito estas líneas. Tal parece que, para poder ponerse la etiqueta de poeta, uno debería pertenecer a los 3 grandes gremios de éstos. De manera que, a continuación, de acuerdo a un riguroso análisis, producto de un trabajo de campo que involucró muchos libros en oferta, amigos testarudos, ríos de cerveza y alitas de pollo; la clasificación de los tres tipos de poetas para ser poeta sería más o menos así:
3. Los neorrománticos.
Que no son otros que los románticos lastimeros de siempre, esos que se cortan las venas con tinta indeleble y sueñan todo el día con la musa que terminará con sus penas. Sus temas son básicamente dos: la amada y la muerte. Su estilo, uno: el anacrónico; es decir, el mismo, prácticamente, que se viene usando desde el siglo XIX, cuando era novedoso hablar de los labios de rubí, de las estrellas en los ojos y de cómo la luna, ay, la luna, será el secreto testigo de mi amor aún más secreto. Cómo lloran, cómo sufren, pues, los poetas incomprendidos, pobres almas en desgracia, porque, además, su arte no es publicado. Son artistas incomprendido, pues. Como todos nosotros cuando teníamos 17.
Ya el tiempo les dará la razón.
2. Los neosimbolistas/surrealistas/arabescos.
La herencia ultraísta que se multiplica a la enésima potencia, como torbellinos que giran sin par para dar la luz a la rosa que emerge de los labios de un espejo roto (?). Si alguno de ustedes, amables lectores, pensó que esta metáfora fue bella y espectacular, debo felicitarle, ya que ni yo sé qué diablos quise decir. Y ésa es precisamente la cuestión con estos autores: su gran capacidad de administrar imágenes y palabras, unas seguidas de otras, dan la sensación de un mundo nuevo, lleno de movimiento, olores y sabores, y, sobre todo, pero muy por encima de todo, de caos. Pareciera que mientras más caóticos y crípticos son los poemas, más dignos de admiración son. Más "poéticos", vaya. Su estilo: la rememoración y exageración del estilo gongorino: las metáforas como si no hubiera mañana. Sus temas: eh... la verdad, es difícil saberlo, pero digamos, por qué no, el erotismo y la fragilidad de la vida.
1. Los radicales/modernos.
Con más cualidades para la sátira política que el mismo Rius, estos jóvenes subversivos elaboran sus poesías como piedras para cualquier cosa con la que no estén de acuerdo. Efectivamente, el arte, se supone, debe ser un modo de "reacción contra el sistema", contra todo aquello que intente controlarnos, para decirnos que hay algo más que el jodido día-a-día. Por ello, es importante jugar al Dadá o, mejor aún, al Beatnik para que nos tomen en cuenta, aunque sea sólo porque en nuestros versos escribamos palabras como "culo" "nalga" "verga" "pendejo" o lo que usted podría encontrar escrito en las puertas de los baños del Estadio Azteca. Su estilo: utilizar la mayor cantidad de altisonancias para que se vea que somos gente del pueblo, que la poesía es del pueblo; eso sí, cuidando que todo esté en forma de verso, para que en verdad sea poesía. Sus temas: básicamente la modernidad: el sexo, coger, los viajes (de estos y de los otros) y cuán puta jodida está la pinchi vida en estos tiempos tan cabrones. Si quiere ser de éstos, su libro o poema debería llamarse: Puto el que lo lea.
Es importante creérsela, vaya; porque, si nosotros no nos la creemos, ¿entonces quién?






